F1 | Silencio, se rueda
El invierno de la Fórmula 1 es, generalmente, más decisivo que cualquiera de sus carreras veraniegas. La última décima que aporta el piloto, hacia arriba o hacia abajo —dos décimas para los tocados por la varita—, servirá de poco o nada al volante de un monoplaza que no dé el nivel recién salido de la fábrica. En estas semanas, las estrellas son los ingenieros estrella, valga la redundancia, que firman un coche concebido sobre un folio en blanco, sin referencias ni datos previos, para cumplir con el nuevo reglamento técnico.


