De la portería de Diego López a la puerta 87 de Sergio González
Corazón encogido. Se puede escribir un libro con el carrusel de sensaciones que experimenta/sufre un equipo que libra en la última jornada la batalla por la permanencia. En el Espanyol bien lo saben, con guiones inimaginables como aquel inolvidable gol de Coro que hace unos días cumplía 16 años. Pero seguramente daría para una serie de Netflix meterse en la mente de la otra parte, la que suele pasar desapercibida, que es la de los jugadores del equipo rival. El teórico convidado de piedra. El que no se juega nada. Y eso debió de ocurrirle a los blanquiazules, quienes debieron transitar entre la profesionalidad, la competitividad, la empatía. Un via crucis emocional que se resolvió con el Espanyol presenciando el drama del Granada y, por querer ver el vaso medio lleno, echando una mano a Sergio González, quien como buen perico se salvó cuando más difícil lo tenía. La puerta 87 del RCDE Stadium sigue siendo de Primera.


