En Sevilla se aventura fiesta del fútbol. Se adivina en cada balcón donde habita un bético, que presume con banderas de su alé. Se intuye en los autobuses, engalanados con vinilos verdiblancos de Joaquín, Canales y Fekir, en los paneles del Puente de Triana, en los escaparates de La Macarena. En los bares solo se habla de la final, como mucho de la Feria que está por venir. La nota picaresca la ponen los sevillistas, que cantan por bulerías el 'Amunt València'. Sevilla rebosa alegría, sonrisas sin mascarilla, huele a azahar húmedo y a pólvora quemada, pasión y sentimiento de pertenencia, el de dos aficiones que viven la final como una experiencia transcendental y que sienten que la juegan en casa; los béticos por nacimiento, los blanquinegros por sus recuerdos. En Sevilla ganaron dos Copas (1999 y 2019) y una Liga (2004). Hogar, dulce hogar ().