Dicen los que le conocen que ya no pasa nervios cuando sale desde la pole, que duerme tranquilo porque sabe lo que hay. Charles Leclerc no necesita ayudas externas para arrasar en este inicio de Mundial y su paseo fue militar en el GP de Australia, ganó desde la primera posición de la parrilla sin medio sobresalto, quizás ni siquiera miró por el retrovisor. Pero por detrás, sus dos teóricos rivales por el título se borraron del mapa por causas diferentes: Sainz sufrió un trompo en la primera vuelta y quedó atrapado en la grava con problemas en el volante tras una mala salida con los neumáticos duros, condicionada a su vez por el cóctel explosivo de mala suerte y falta de fiabilidad el sábado, que le condenó al 10º de la parrilla. Y Verstappen aparcó el Red Bull a veinte vueltas del final porque algo olía fatal y echaba humo. Desde fuera, apunta a otro problema con el combustible del motor Honda, y es su segundo abandono en tres carreras. Dos ceros para él, uno para Sainz, y dos triunfos para Leclerc, cada vez más líder y sin oposición en Melbourne.