Keisuke Honda nunca fue un futbolista más. Su fútbol iba de la mano de su look, vistosos ambos. El Beckham japonés le llamaban en su etapa más brillante, cuando estuvo cerca de hacer historia con Japón en el Mundial de Sudáfrica. El futbolista de Settsu, de la prefectura de Osaka, no falló su lanzamiento, pero una tanda de penaltis ante Paraguay en octavos fue el fin de la aventura nipona. En el VVV Venlo se ganó el cariño de la afición (hay un enorme mural de Keisuke en la ciudad deportiva), en el CSKA se hizo hueco en las agendas de los grandes de Europa. Llegó al Milan y su agente llegó a colocar al Real Madrid tras sus pasos.