Tras una sufrida permanencia, en el verano de 2019 el Celta decidió dar un doble golpe de efecto: deportivo y social. El presidente Carlos Mouriño ejecutó su deseada operación Retorno, una apuesta que consistía en recuperar a talentosos jugadores con pasado celeste (tres de ellos formados en la cantera) para volver a enganchar a la afición., pero las decepciones sobre el terreno de juego y los problemas extradeportivos, que aún siguen sin cerrarse, acabaron por convertir aquel sueño de verano en una pesadilla.