Por algo decíamos que los Lakers todavía no habían tocado fondo. Y ahora se ha visto más claro, aunque sería atrevido pensar que esto es lo peor que vamos a ver de aquí a final de temporada. Sin sentido ni dirección, el equipo de la vergüenza no tiene ni sentido del honor. Deambulan por la pista dejando pasar los minutos, deseando que se acabe el partido para hacer cosas que, en estos momentos, consideran más importantes, pasan la tarjeta por la entrada para fichar como quién va al trabajo solo por cumplir y se deja llevar hasta que suena la bocina que indica el final del partido. Ni pueden, ni quieren, ni nada. El equipo de veteranos sabios nunca fue tal y rápidamente se transformó en uno de gente mayor, vanidosa sin motivo, que ahora no habla ni de su pasado, algo que sí hacía antes para evitar la conversación sobre el bochorno del presente.