«Mi equipo nunca se equivoca», amenazó Lewis Hamilton en la pretemporada de Barcelona. Pues bien, Mercedes se ha equivocado. Por primera vez en casi una década, la escudería de Brackley compite con un monoplaza sensiblemente inferior al de sus teóricos rivales directos, son el tercero en discordia a medio segundo de Ferrari y Red Bull. El W13 de Hamilton y Russell no genera suficiente carga aerodinámica y, quizás lo más preocupante, ya no cuenta con la unidad de potencia más fuerte de la parrilla. Hay mucho trabajo por delante para corregir esta situación y aspirar a victorias a mitad de temporada, y las primeras estimaciones apuntan a Ímola, tercer gran premio del año, como primer escenario en el que introducir evoluciones.