Con Masi fuera de la F1, con el W13 presentado ayer y estrenado bajo la borrasca Eunice en Silverstone, quizás ha llegado el momento de que Mercedes pase página y olvide por fin el GP de Abu Dabi, triste para ellos, que dejó a Hamilton sin la octava corona en la última vuelta de la temporada. El campeón de constructores recupera el plateado para la flecha que pilotarán Sir Lewis y Russell, nuevo escudero, en un monoplaza que se introdujo bajo acordes propios de Carmina Burana y la narración tenebrosa de Wolff. Todo lo que rodea a esta obra de ingeniería destila olor a venganza tras perder, contra Verstappen, su primer Mundial en ocho años.