La entrada en la NBA de los entrenadores europeos ha estado tradicionalmente vetada. Todo el aperturismo que ha tenido la mejor Liga del mundo desde el punto de vista racial, cultural y en los últimos años, también de género (otra asignatura pendiente y solo con Becky Hammon como referencia más allá de comentaristas o analistas poco frecuentes, aunque más que antes), no ha tenido lugar en la ocupación de banquillos por técnicos del otro lado del charco. David Blatt, criado en Europa y nacionalizado israelí, es los pocos vestigios en este aspecto y no deja de ser americano, además de durar lo que duró. Y Igor Kokoškov, serbio, se ha formado en Estados Unidos y apenas disfrutó de una temporada en los Suns, en los que se fue por la puerta de atrás tras un récord de 19-63.