El fútbol no es eterno | Deportes | EL PAÍS
Esto está lleno de fútboles. Tuve una semana futbolísticamente concurrida y variada. Un día comí con el alto ejecutivo de un gran club, otro día con un inteligente empresario televisivo, otro día con un entrenador de primer nivel y tuve, por razones profesionales, contacto con un buen número de jugadores de primera y segunda división. De ese cacao mental salí ileso y me sirvió para confirmar lo que tengo como una evidencia: hay tantos fútboles como personas. Desde cada lugar se ve un juego diferente que cultiva satisfacciones, preocupaciones y expectativas distintas. Según desde donde se lo mire, el fútbol cambia de aspecto. Puede parecer viejo o nuevo, enfermo o saludable, con un futuro conservador o revolucionario. Lo que no veo, en ningún caso, son los puentes entre una y otra posibilidad. ¿Qué fútbol nos quedará en diez años? ¿Uno moderno que mire de frente al metaverso o el selvático que siga disparando con eficacia nuestra adrenalina animal?


