En Cádiz aún se habla y no se para del Mágico González, aquel delantero salvadoreño que pisó España con su selección durante el Mundial 82. Dentro de un equipo menor, que encajó un 10-1 ante Hungría, emitió inolvidables destellos. Le cayeron ofertas (Atlético de Madrid, Los Ángeles Aztecas y el PSG entre otros) pero él eligió el Cádiz por algún raro instinto. Allí deslumbró. Habilidad inconcebible, fútbol imaginativo… Un regalo caído del cielo para los caístas, entre los que su informalidad no suscitaba el menor reproche. Vagaba de noche, dormía de día, desesperaba a su presidente, Irigoyen, pero llenaba el estadio y acaparaba las tertulias. En la 82-83 marcó 14 goles, en la siguiente repitió. El Cádiz bajó ese año a Segunda, pero daba igual.