Hace semanas que el destino de los Lakers 2021-22 está escrito. Solo faltaba saber cómo iba a ser el último capítulo, qué tipo de final escribía un equipo que va a dejar uno de los borrones más notables de la historia de la NBA: un fracaso antológico. El epitafio elegido fue, en realidad, el único posible. Sin perdón, sin brotes verdes, sin peros, sin esperanza, sin alegría. Sin luz. Sin plan, sin química, sin dirección, sin fuerzas. Sin sentido, sin suerte, sin ideas. Nada. La más absoluta nada. Todavía no se ha cumplido un año y medio desde que los Lakers se proclamaron campeones de la NBA en la burbuja de Florida. Cómo se ha desmontado un equipo ganador y se ha construido un galimatías sin fundamento será una historia a la que volveremos. En los próximos días y durante los próximos años. Un caso de estudio, una caída estruendosa. Un suicidio deslumbrante que estará en la historia de la Liga.