Si a los Valverde, Mas, McNulty, Wellens o Buchmann, se les unen otros grandes nombres, como Vlasov y Soler, el cóctel resultante en el Trofeo Pollença-Port d'Andratx de la se presumía de lo más exquisito. Por delante, 170 km en una jornada de media montaña, ideal para movimientos estratégicos, pero también para duros ataques en la exigente subida final a Monport: 2,5 km al 8,4% de pendiente media y más de 200 m de desnivel. Y ahí, como lleva haciendo toda la vida, el Bala volvió a disparar a lo más alto por 131° ocasión en su carrera. Eterna leyenda.