De líder claro a principios de febrero, con dos derrotas menos que el Barça, a caer a la cuarta plaza al cierre de la fase regular tras acumular ocho traspiés en las últimas diez jornadas. Y a medirse así en el playoff de cuartos con un Maccabi crecido, en racha de seis victorias, y con un rotundo 3-0 certificado en Tel Aviv con la solvencia de antes de la crisis, en la que llegó a acumular en 80 días 17 derrotas en 28 partidos entre Euroliga, Liga y Copa. Lo nunca visto. Pero, tras castigar sin jugar a Heurtel y Thompkins, rozar la victoria en el Palau y tocar fondo tres días después, el 13 de abril en Bilbao, como un equipo cohesionado con un juego físico, vertical a canasta, buena circulación de balón, acierto en el tiro, gran defensa y dominio de la pintura y del rebote.