La situación en torno a Haaland se está llenando de incertidumbres. Por un lado, los problemas de salud de su representante, Mino Raiola, que ha vuelto a ser ingresado en el hospital de San Rafaelle sin que lleguen noticias certeras de la gravedad de su situación, aunque ayer mismo recibió el alta. Por otro, el nerviosismo que empieza a cundir en el propio seno del Borussia, cuyo CEO, Watzke, se despachó con una declaración poco decorosa sobre el ultimátum de la entidad a su jugador, que el propio Haaland había reconocido. “Eso es una gilipollez”, afirmó. Una escalada de tensiones en torno a la situación del noruego que desconcierta, incluso, a los equipos que intentan firmarle.