“Debió ser mejor”. Ese era el comentario generalizado en la expedición de la Real Sociedad en el viaje de regreso de Leipzig. No que pudo ser mejor, sino que debió ser mejor. Porque no se entiende en el club donostiarra cómo el VAR no entró a corregir la decisión del colegiado turco Çakir, que no dudó en decretar penalti en la acción entre Zaldua y Sbozalai a falta de diez minutos para el final del partido en el Red Bull Arena y que suponía el empate (2-2) definitivo. “No hay contacto”, se repetía entre directivos y otros acompañantes de forma constante. Algunos, incluso, revisaban la acción en los móviles, y se reafirmaban en su posición. “No es penalti”, repetían. Incluso lo intentaban comentar con el protagonista de la jugaba, Joseba Zaldua, que hacía un gesto de resignación acompañado de un sonrisa triste, consciente de que eso complica un poco más el pase a los octavos de final de este UEFA Europa League. Aunque volver vivos de Leipzig y poder rematar la faena en un Reale Arena lleno a reventar era el objetivo, y era muy bien valorado por todos.