, por decirlo suavemente. Obi Toppin, que ya se sabía ganador, no se esforzó en exceso para cerrar una victoria sencilla ante Juan Toscano Anderson, el otro finalista. Una competición bastante floja que no ha tenido el glamour y la capacidad de sorpresa que nos ha dejado por partida doble Aaron Gordon en la última década. Tanto en su derrota ante Zach LaVine como la sufrida ante Derrick Jones Jr., con la mano de Dwayne Wade como brazo ejecutor. Toppin no se ha acercado siquiera a ninguno de esos grandes mates y ha vuelto a provocar la añoranza en redes sociales, sustento de la opinión pública. Pero se ha llevado el torneo, claro. Y eso ya no se lo quita nadie.