Ayer fue la hasta hace nada número uno, Ashleigh Barty, consumida la australiana “mental y físicamente”; previamente decayó la japonesa Naomi Osaka, que desde hace tiempo lucha consigo misma y con el envoltorio del profesionalismo para volver a la cúspide del circuito; y ahora es Victoria Azarenka, una figura de largo recorrido y prestigiosa trayectoria, la que da un paso a un lado. Queda por saber cuál es el origen exacto por el que la bielorrusa, de 32 años, anunció que necesita hacer un paréntesis personal y apartarse del tenis, deporte que desde un ángulo u otro (el físico, el mental o, en muchos casos, un desencadenante híbrido) acaba consumiendo a no pocas celebridades.