El Barça ha conseguido un nuevo impulso en las últimas horas. La victoria en Madrid ante el Real hace olvidar derrotas como las del Unics, el Baskonia, el Valencia, el Olimpia, etc. Se habían metido en una racha negativa y, ante el líder de las dos competiciones ligueras (en España y en Europa), el golpe es mayúsculo aunque sólo cuente como una victoria más. No es así. Demuestran que el equipo que dirige Pablo Laso tiene un hueso duro de roer en los culés. Pero Sarunas Jasikevicius, en el otro banquillo, se pone ante la difícil misión de hacer un encaje de bolillos que habrá que ver por dónde sale. La plantilla es amplia, las bajas por coronavirus se acaban y ahora hay que cuajar una rotación férrea que vaya sacando los partidos importantes adelante. Ahí hay un nombre propio que va a suponer una decisión complicada de tomar tanto para el técnico lituano como para los gerentes de los despachos (Cubells y Navarro, sobre los demás): el australiano Danté Exum es esa persona sobre la que poner toda la atención.