Westbrook, sin cuento de hadas
Cuando es que no, es que no. Y además es imposible. No hay manera. No hay alegrías que duren en la casa del pobre. Cuando llueve, diluvia. Se puede tirar de tópicos y de refranero todo lo que se quiera para constatar una realidad: este no es el año de Los Angeles Lakers. Más allá de que el equipo esté mal hecho, de que la apuesta era arriesgada y de que ahora no hay plan B ni muchas formas de enmendar un poco el A de aquí al cierre del mercado (10 de febrero), a los angelinos les ha mirado un tuerto. O un ejército de ellos. Ambas cosas son compatibles: no es un equipo bien pensado y tampoco tiene ni una pizca de suerte. En Charlotte (117-114) volvió a quedar claro.


