Una de las noticias positivas que aspiraban a aparecer en todos los análisis de la temporada madridista era el buen maridaje que Militao y Alaba habían hecho como pareja de centrales. Ante la difícil tarea de hacer olvidar a la duradera dupla Varane-Ramos, el brasileño y el austriaco habían respondido a las primeras de cambio a la perfección. Un fichaje que encajó sin necesidad de periodo de adaptación y un futbolista que, si bien había dejado muchas dudas en las pocas oportunidades que había tenido en las dos temporadas anteriores, al poco que ha tenido continuidad justificó por que el Madrid pagó 50 millones al Oporto para convertirlo en el defensa más caro de la historia del club blanco. Sin embargo, en el último mes Militao ha recordado al central en ocasiones nervioso, inseguro y temerario que se había mostrado en los dos primeros años. El buen momento de Nacho, con excelentes actuaciones y la polivalencia de garantías que ofrece a Ancelotti para cualquier plaza de la defensa, plantea el debate en la zaga para la final de la Champions.