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Gerard Piqué no es tenista | Opinión | EL PAÍS
Lo más divertido de es cuando el primero cree buena idea para que la Supercopa de España se celebre en Arabia Saudí; tienes un negociete y se lo vas a contar al lobo de Wall Street. Están empezando, si no, no se explica. Qué pensaban que iba a hacer el emérito con sus contactos, ¿dárselos gratis para que ellos cobrasen la comisión? Y por qué creían que tuvo el emérito prohibido entrar en España, ¿por su ánimo altruista? La maniobra, que existió, según confirmó Juan Carlos I tras llamar al teléfono de aludidos de Espejo Público, demuestra lo bien enterado que está Piqué de cómo funciona el mundo del gran dinero y lo perdido que está sobre el viejo rey.