Un tapón de Jrue, un robo de Jrue y un partidazo, otro más, de Giannis. Así se resume, injustamente, 48 minutos de batalla extraordinaria, titánica, épica, enormérrima. Y así se define el carácter de un equipo campeón, uno que perdía de 13 puntos (95-82) a algo más de 9 minutos para el final, pero que consiguió levantarse como tantas otras veces, apretar al máximo en un esfuerzo inigualable, imponerse en un quinto partido que el que se lleva sale vencedor en el 82% de los casos (como nos recuerda en estos días con tanta frecuencia la NBA durante los encuentros, maniatar a un rival crecido ante su público e imponerse contra la lógica y los Celtics para poner un 3-2 que les acerca a las finales de Conferencia y, claro, también al título. Porque sí, esta es la serie por excelencia de los playoffs de la NBA, la que representa el espíritu de la competición norteamericana. La que tiene más físico, más defensa, más talento, más nivel. En la que se enfrentan los dos mejores equipos de Liga. Uno, el que ha ganado hoy, sin Khris Middleton y el recuerdo de la victoria del pasado. Otro, el que ha perdido, con toda su artillería y muchas derrotas en lo que abarca la derrota del proyecto.