No hay quien se resista el poder de destrucción del Bernabéu, quizá porque no es de este mundo. Como el PSG, como el Chelsea, como tantos antes y como tantos que vendrán, el Mánchester City, Guardiola y todo el lujo asiático que les rodea se derritieron ante un Madrid feroz, eterno resucitado, en permanente desafío a la Ley de Murphy: aquí la tostada cae del lado de la mantequilla menos que en ningún otro lugar. “En este estadio pasa algo”, se le ha escuchado repetidamente a Butragueño, obrador y portavoz de milagros. Pasa mucho, habría que añadir. Y pasó también esta vez rizando el rizo para llevar al Madrid a otra final de su Copa.