A Vinicius se le ha hinchado la vena. Su hartazgo alcanza niveles muy altos y ha decidido dejar de callarse. Poco queda de ese brasileño recién aterrizado en Madrid con cierta timidez e inevitable vértigo. Ahora es un peso pesado que no esconde su rabia cuando considera que se ha actuado con injusticia. Que ha aceptado que a partir de ahora quiere exteriorizar sin miedo sus enfados, bien sean con árbitros o rivales. Ya son muchos capítulos; el último, la gresca con Piqué en el Clásico tras caer en un mano a mano ante Ter Stegen. El central le pasó el brazo por encima del hombro y estuvieron casi un minuto hablando ante el estupor de Martínez Munuera y la melodía de viento del Bernabéu. Ambos quisieron tener la última palabra. También Vinicius.